El cruce de caminos
Miguel Ángel Naharro

03/02/2026

Sinopsis: «Carol tiene un don que la ha hecho tener bastantes más problemas que recompensas. Un día decide compartirlo con sus amigos más cercanos, pero algo sale mal y acaban en un extraño cruce de caminos que los lleva a la siniestra Iglesia Negra. Allí viven una experiencia espeluznante que les marcará para siempre. Incapaces de volver a localizar el extraño cruce de caminos, ni la aterradora y malévola iglesia, todos siguen con su vida y Carol huye, hasta que años más tarde se topa de nuevo con las reminiscencias de su pasado y la culpa.

El mal que le acechó años atrás ha regresado y con él, sus miedos más profundos. Carol y sus amigos saben que, para conservar su cordura y sus vidas, tienen que tratar de volver a adentrarse en ese cruce y enfrentarse cara a cara con la antigua maldad que allí habita».

Sobre fondo negro, un fotomontaje con ilustraciones de una iglesia, un hombre trajeado de aspecto mayor que señala hacia nosotros y una joven que parece asustada.
Cubierta de El cruce de caminos

No es la primera vez que digo que hay reseñas más difíciles de escribir que otras. En unas ocasiones es por la complejidad de la obra; otras, por los sentimientos y emociones que genera en nosotros, los lectores; también está la triste situación de tener que hacerle una mala reseña a un compañero de letras. Hoy, por desgracia, me encuentro en semejante tesitura. Vayan por delante mis más sinceras disculpas al autor por hablar de manera tan negativa de su obra, pero creo que la sinceridad en este tipo de colaboraciones debe ser esencial.

El libro en cuestión, como habréis podido adivinar por el encabezado de la reseña, es El cruce de caminos, de Miguel Ángel Naharro, y está publicado por Yeray Ediciones.

La historia tiene un claro regusto a It, de Stephen King, y en ningún momento intenta ocultar que es un homenaje al famoso escritor de Maine. El problema viene cuando el autor intenta parecerse demasiado a King, ser casi una copia suya, y dejar de lado su propia voz. Esto choca muy fuerte con el estilo pulp tan característico de Miguel Ángel, que no termina de casar en una historia que necesita cocinarse a fuego lento. La idea tiene bastante potencial, pero se ve lastrada por la dificultad de conjugar ese estilo pulp con dos líneas temporales y la gran cantidad de puntos de vista y personajes diferentes.

Hablando de los personajes, todos parecen definidos a partir de una lista de traumas; cada uno, sea protagonista, antagonista o secundario, tiene un pasado horrible, un secreto inconfesable, que le hace sentirse desgraciado. La gran mayoría de estos traumas los conocemos gracias a la estructura usada de doble línea temporal, una dedicada al tiempo presente y otra a la infancia de los personajes. Aun así, no terminan de sentirse reales, con vida propia, sino meros actores que cumplen con el papel asignado.

Eso sí, a pesar de estar muy fuertemente influenciada por It, El cruce de caminos juega con ideas propias que, cuando la narración consigue desmarcarse de la fuente original, logran darle a la historia un punto de frescura.

El problema de este libro, al menos para mí, es que en ningún momento logré deshacerme de la sensación constante de estar leyendo un primer borrador. No solo porque la narración me pareciese precipitada o confusa en algunas ocasiones, también por la forma de construir las oraciones, los párrafos, incluso los capítulos. Creo que la novela se hubiera beneficiado mucho de un trabajo de edición y corrección, tanto ortotipográfica como de estilo, por parte de la editorial.

Y es aquí donde yo le veo el gran pero: como lector, no he visto por parte de la editorial ningún mimo por el producto ofrecido. A las mencionadas faltas de edición y corrección, le añado una maquetación que deja mucho que desear (tipografía y espaciados enormes, sangrías exageradas, control automático de viudas y huérfanas con el consiguiente número dispar de líneas por página…).

Y aquí es donde me voy a poner un poco reivindicativo. Entiendo que las editoriales son un negocio cuyo último fin es el de ganar dinero, producir beneficios. Pero esto deberían conseguirlo ofreciendo al consumidor, en este caso a los lectores, un producto cuidado y de la mayor calidad posible, y no a costa de abaratar (o incluso eliminar) gastos que devalúan mucho el resultado final. Creo sinceramente que El cruce de caminos se hubiera beneficiado mucho, hubiera sido un libro mejor, si la editorial hubiese puesto más de su parte.

Este alegato se hace extensible también a todas esas editoriales que buscan el mayor beneficio con la menor inversión; editoriales que, por desgracia, abundan demasiado y que juegan (y abusan) con las ilusiones de autores que luchamos por hacernos un huequecito en un mundo tan difícil como es el de la escritura y la literatura.

¡Nos vemos!