Sinopsis: «Cuando Rebeca dejó la colonia Monte Laurel pensó que también dejaba atrás lo peor de su adolescencia: el sobrepeso, el bullying, el recuerdo de su madre fallecida. Ahora, cuatro años más tarde, no puede creer que tenga que regresar al lugar en el que tanto daño le hicieron y verse obligada a participar en el juego que su hermano y dos chavales más han construido en el instituto: un inocente pasaje del terror de resultados, sin embargo, inexplicables. Quienes lo han probado ya no han vuelto a salir. Nadie sabe qué pasa tras aquella puerta, pero todos los vecinos quieren confirmar el rumor que se ha extendido por toda la colonia: el pasaje sabe algo de todos ellos, de cada vecino, incluso lo ya olvidado, aquello que fue enterrado bajo el barro para que nunca más volviese a emerger a la superficie».
Cuando hablamos de libros, hay todo un mundo por descubrir. Puedes leer a cientos o miles de autores, que siempre encontrarás más que puedan sorprenderte. Y no tienen por qué ser necesariamente desconocidos para el público general porque, reconozcámoslo, si alguien no es mainstream es imposible que esté en boca de todos y, por mucho que nos guste un género, son pocas las personas que se atreven a escarbar más allá de la superficie en busca de otros autores menos famosos, a pesar de que ya tengan cierto bagaje.
Yo soy una de esas personas que no suele salirse de su zona de confort, de las que escoge sus lecturas sabiendo (creyendo en realidad, con un alto porcentaje de acierto) que me va a gustar. Pero de vez en cuando me doy un paseo por librerías y bibliotecas, ya sean físicas o virtuales, y anoto títulos de lo que no sé qué esperar y que en algún momento me podrían apetecer leer.
Esto es lo que sucedió con Bajo el barro, de Rubén Sánchez Trigos. Buceando en eBiblio me topé con este libro y su sinopsis me enganchó de tal forma que lo apunté como mi siguiente lectura. Como dije antes, el autor no es de los más famosos en el panorama actual, pero cuenta con una importante carrera que le coloca en ese peldaño inmediatamente inferior a la espera de poder dar el salto. Si el resto de sus trabajos están al nivel de Bajo el barro, no me extrañaría que en cualquier momento dé el siguiente paso en esa escalera.
El libro es una novela de terror que se toma las cosas con calma, de cocción lenta que va añadiendo ingredientes poco a poco, que va dosificando información a lo largo de toda la trama. El terror es lento, se toma su tiempo en construir una atmósfera malsana a través de los personajes. Sin embargo, el ritmo no se hace pesado; no dejan de suceder cosas, por pequeñas o nimias que parezcan, y el protagonismo, aunque recae en su mayor parte en un solo personaje, Rebeca, salta en varias ocasiones a otros para lograr así un equilibrio que te impide abandonar la lectura.
La historia, al principio, me recordó un poco a algunos libros de Stephen King, en especial a IT, con el que comparte algunos elementos. Sin embargo, se las arregla muy bien para mantener las distancias y marcar su estilo propio. El Barro, al igual que el famoso payaso Pennywise, es una entidad que no solo se alimenta del miedo, sino que también ejerce una influencia nociva en su entorno: la colonia Monte Laurel y el instituto Julio Verne son lugares de decadencia donde los malos sentimientos se magnifican y eclipsan a las buenas acciones.
«Eso es lo que Rebeca veía desde la ventanilla del autobús, a medida que este se internaba en las calles y zigzagueaba por avenidas y plazas: los restos de un organismo fallecido. Asfalto, ladrillos y parques herrumbrosos que se pudrían como huesos al viento. Y qué hedían. Cómo hieden la carne y las vísceras en cualquier proceso de descomposición».
Bajor el barro
Rubén Sánchez Trigos
Claro, para dotar a una historia de su propia personalidad hacen falta unos buenos personajes, y Bajo el barro se luce en este aspecto. Rebeca, la protagonista del libro, es una joven que ha logrado rehacer su vida tras escapar de la colonia y del pasado que allí vivió; la violenta pérdida de su madre y el bullying sufrido a causa de su obesidad son el lastre que arrastra de aquella época y que le hacen temer el regreso a su antiguo hogar.
Después tenemos un buen elenco de secundarios. Roberto, el hermano de Rebeca, Diego y Mei son, al igual que la propia Rebeca en su momento, marginados en el Julio Verne, y es su atracción, el túnel del terror que construyen en un pequeño pasadizo de la biblioteca del instituto, lo que centra el foco de todo lo que sucede. Aunque su intención es reivindicarse, demostrar que son tan válidos como cualquier otro, acaban desencadenando un fenómeno viral que atrae cientos de visitas a su pequeña atracción, con consecuencias que… Mejor que lo descubráis leyendo el libro.
El padre de Mei y los abuelos de Diego son los otros personajes que reclaman para sí parte de la narración. Gracias a ellos podemos descubrir la historia desde otros puntos de vista diferentes, otras perspectivas de lo que son los miedos y de cómo afectan de distintas maneras a cada persona.
Porque de eso, de miedos y temores, tiene mucho esta novela. Cada personaje arrastra sus propios terrores, sus traumas, y son tan opuestos entre sí que asusta descubrir la cantidad de ellos que hay: personas que nos hicieron daño, fobias a hechos muy concretos, el ver cómo los hijos crecen y no poder controlar lo que hacen, acciones del pasado que, de revelarse, pueden destrozarnos la vida, el no poder proteger a quienes más queremos, etc.
A parte del miedo al propio miedo, otro de los elementos que usa Bajo el barro es la figura del doppelanger, el doble malvado. La gente que entra al túnel del terror sale cambiada, no parece la misma, creando la sensación de ser precisamente un doppelanger, no necesariamente perverso, pero sí otra persona que ocupa el lugar de la original.
Además de todos estos elementos, la novela echa mano de algunos recursos narrativos que ayudan a darle a la historia un halo de realidad. De esta forma podemos encontrar intercalados entre los capítulos de narrativa otros que constan de recortes de periódicos o revistas, extractos y trascripciones de programas de televisión o de interrogatorios policiales, intercambios de mensajes en chats, entradas de blogs o comentarios en foros. Este tipo de recurso no es nada nuevo (por ejemplo lo vi en Grupo de apoyo para Final Girls, una de mis últimas lecturas), pero sí es la primera vez en que veo este tipo de contenido usado a modo de narración y no como información complementaria. Y lo mejor de todo es que ayudan a mantener el ritmo de la historia.
Curiosamente, estos capítulos están llenos de lo que podríamos considerar spoilers del final; el desenlace se nos va anunciando a lo largo de toda la novela, pero lo importante de ese final no es el qué, sino el cómo y el por qué. Por eso en necesario llegar a esas últimas páginas, para comprender la magnitud de todo lo que ha sucedido.
Como dije antes Bajo el barro ha sido un gran descubrimiento para mí y no puedo hacer otra cosa que recomendarlo. Por mi parte, estoy convencido de que no será la última obra de Rubén Sánchez Trigos que caiga entre mis manos. ¡Nos vemos!