Sinopsis: «Camelia es un hada madrina que lleva trescientos años ayudando con gran eficacia a jóvenes doncellas y a aspirantes a héroe para que alcancen sus propios finales felices. Su magia y su ingenio nunca le han fallado, pero todo empieza a complicarse cuando le encomiendan a Simón, un mozo de cuadra que necesita su ayuda desesperadamente. Camelia ha solucionado casos más difíciles; pero, por algún motivo, con Simón las cosas comienzan a torcerse de forma inexplicable...».
Hace muchos años me metí entre pecho y espalda la trilogía Memorias de Idhún, de Laura Gallego, una saga que pasó sin pena ni gloria entre mis lecturas. Es probable que, al venir yo de otros clásicos de la fantasía como El señor de los anillos, Crónicas de la Dragonlace o El señor del Tiempo, la parte épica de la historia me supiera a poco. Pero lo que sí me quedó fue la sensación de que la autora tenía mucho más que ofrecer (su larga y prolífica carrera me da la razón), por lo que muchas de sus obras acabaron en mi lista de pendientes. Sin embargo, no ha sido hasta ahora que me he decidido a darle esa segunda oportunidad prometida.
Hay ocasiones en las que uno se adentra en un libro sin saber muy bien qué esperar, y creo que fue eso lo que me hizo decantarme por Todas las hadas del reino. Conoces a la autora, ves el título, miras la portada, lees la sinopsis… y la única conclusión a la que llegas es que se trata de una historia de hadas; no sabes si lo que encontrarás en el interior es un cuento oscuro, una novela cómica, un relato infantil o una revisión de los clásicos. Empiezas a leer y, cuando llegas al final, te das cuenta de que el libro era todo eso y más.
La historia de Todas las hadas del reino es la historia de Camelia, una de las siete hadas que fueron enviadas al mundo de los mortales para ayudar a que sus ahijados y ahijadas logren cumplir sus sueños. Camelia disfruta con lo que hace y es muy buena en su trabajo, a pesar de que este se le acumula. Pero entonces las cosas empiezan a salir de forma diferente a lo planeado, todo se va complicando más y más y… Bueno, el resto es mejor que descubras por tu cuenta.
«Sabía que, mucho tiempo atrás, antes de que a las hadas madrinas se les hubiese encomendado la tarea de ayudar a jóvenes desamparados, todas las hadas habitaban en los bosques. Quizá en castillos encantados, tal vez en los árboles o en un reino mágico bajo tierra; las hadas eran criaturas de gustos variados y volubles».
Todas las hadas del reino
Laura Gallego
La verdad sea dicha, se trata de un libro que se lee con muchísima facilidad. Los capítulos son cortos y ágiles, lo que genera el típico efecto de «uno más»; cuando te quieres dar cuenta, te has ventilado una docena sin apenas haberte enterado. Aunque muchos de ellos pueden parecer puro relleno y te preguntas si realmente son necesarios para la historia, cumplen una importante función para hacernos comprender la evolución de Camelia y, junto a multitud de sutiles pistas que hay casi desde el principio, por qué acaba pasando lo que pasa. Personalmente, lo que a mí me sorprende es que aquello no hubiera sucedido mucho antes.
Al igual que la protagonista, la historia también evoluciona mucho. O más bien su tono. Comienza como algo muy ligero, por momentos divertido, incluso cómico; pero a medida que avanzamos en la lectura el tono se va volviendo más oscuro, casi tétrico.
La historia en sí es una vuelta de tuerca a los clásicos cuentos de hadas. Aquí el protagonismo no recae en el joven y apuesto héroe ni en la hermosa y desvalida princesa, sino que es el hada madrina quien acapara todos los focos. Además, hace muy buen uso del resto de cuentos para crear su propio mundo; es como si hubieran metido todos ellos en una batidora a toda potencia y del puré resultante se creara algo nuevo. Ya sea parte importante de lo que se cuenta o algo anecdótico que pasó hace mucho tiempo, hay manzanas envenenadas, zapatos de cristal, doncellas encerradas en su torre, animales que hablan, marionetas de madera que cobran vida, casitas de dulce, castillos rodeados de espinos, humanos transformados en animales, habichuelas mágicas… y un sinfín más de referencias a cuentos clásicos. Y ninguna de ellas parece forzada.
Si nos ponemos a hablar de los personajes, ya he dicho que la indiscutible protagonista es Camelia. De hecho, creo que es la única que está perfectamente definida, ya que es el foco constante a lo largo de toda la novela (salvo en la parte final final o en honrosas excepciones en que los capítulos no se centran en ella). El resto son complementos a su historia, ya sea de forma puntual en alguna de las muchas aventuras que conforman la trama o de manera más constante. Sí, están bien dibujados, pero digamos que tienen los contornos borrosos y están pintados con colores menos brillantes. Pero es que no hace falta más, es Camelia quien tiene que deslumbrar, a la que debemos conocer como si fuese nuestro alter ego dentro de las páginas del libro. Los demás tienen que bailar a su son.
Pero ¿qué hay del villano? Pues tampoco hay ninguno que esté definido. Hay momentos en que encontramos algún personaje que podría reclamar ese rol, pero lo cierto es que no dejan de ser un complemento más para ese tramo de la historia. Y si soy sincero, creo que de esta manera funciona muy bien. Porque el verdadero villano de la historia no en ningún personaje, sino las circunstancias que rodean a la protagonista. Es más, hubo alguna ocasión en que pensé que, si quitas todos los elementos fantásticos, trasladas la ambientación a la época actual y cambias el tono por uno menos alegre, la historia podría ser la misma, solo que convertida en un drama social. Aunque bueno, eso quizá solo sean desvaríos míos.
En fin, puedo decir que Todas las hadas del reino ha sido una lectura bastante satisfactoria que, además, ha cumplido con mis expectativas, tanto por el libro en sí como por el reencuentro con la autora.
Por último, mencionar que esta es la primera parte de una bilogía que se completa con Todos los hombres del rey. Conociéndome, no debería ser ningún secreto que esa segunda parte caerá en mis manos más temprano que tarde.
Hasta aquí la reseña de hoy. Como siempre, te recuerdo que más abajo hay un cajetín disponible para que me cuentes qué te ha parecido esta entrada, si has leído el libro, si conoces otras obras de la autora o cualquier otra cosa que se te ocurra. ¡Nos vemos!