Relatos

Sobre fondo negro con tintes verdoso se ve una imagen en negro de dibujos animados de Batman. Sobreimpreso, el título del relato en carcateres verdes

No es tiempo de superhéroes

El héroe más grande que hubiera conocido la humanidad se aburría como una ostra. Sentado a una esquina de la barra del bar, jugueteaba con su copa de brandy mientras observaba a la gente divertirse. Bueno, ellos lo llamaban divertirse; él consideraba que hacían el ridículo. Era lo que tenían ese tipo de celebraciones.

La ceremonia, oficiada en el espectacular jardín principal del palacio ducal de Riogrande, había sido preciosa. Reconvertido a museo, no era nada fácil conseguir aquel sitio para un evento tan frívolo como una boda, pero tirar de los hilos adecuados ayudaba a abrir muchas puertas. Si además se ofrecía una suma obscena de dinero a las personas adecuadas, el éxito estaba asegurado. SEGUIR LEYENDO

Sobre fondo negro, la imagen de un vikingo (sí, con cuernos) hecho ha base de trazos tipo "tribal" y en llamas. A la izquierda se lee, en vertical y con tipografía blanca que simula runas, "DIOSES DE", y a la derecha, de igual manera, "NUEVA ASGARD"

Dioses de Nueva Asgard

—¡Maldita escoria! —murmuró Christoffer entre dientes, sin dejar de morder ni un instante la astilla que tenía en la boca—. Como vuelvan a aparecer, te juro que…

Un carraspeo a su lado hizo que no terminara la frase. Vibeke lo miraba con dureza mientras pasaba la piedra por el filo de su espada. Fingiendo no sentirse intimidado por la mujer, Christoffer se rascó la rojiza barba y escupió al fuego.

Las tres tumbas cavadas a escasos cien metros hacían que la moral del grupo distara bastante de estar en su punto más álgido. No esperaban tener bajas tan pronto. Sabían que existía la posibilidad de que ninguno regresara con vida, pero eso no les importaba. No, siempre y cuando la misión que tenían por delante acabara con éxito.

—Por lo menos hasta que anochezca.

—Sigo creyendo que vendrá —respondió Ásbjörn, saliendo de su habitual mutismo. La duda le estaba carcomiendo por dentro. Hacía más de tres horas que habían quedado allí; sin embargo, su confidente seguía sin dar muestra de vida.

Sus cinco compañeros clavaron la mirada en él, que ya no dijo más. Todos confiaban en Ásbjörn, pero no se podía decir lo mismo del otro. En completo silencio, cada uno de los guerreros volvió a sumirse en sus pensamientos. SEGUIR LEYENDO

La verdadera e infame historia de Gretel y Hansel

La verdadera e infame historia de Gretel y Hansel

Acercaos, niños y niñas, y sentaos alrededor de la hoguera junto a esta anciana cuentacuentos, pues me dispongo a relatar la historia de Gretel y Hansel. Sí, ya sé que la habéis oído decenas, cientos de veces. Pero yo os pregunto: ¿creéis que todo ocurrió tal y como os lo contaron? ¿A caso no es solo la versión de dos niños traviesos que escaparon porque no querían cumplir con las tareas que les impusieron sus padres? Por favor, acomodaos y dejad que mis palabras os desvelen la infame verdad de lo que sucedió en aquella cabaña perdida en mitad del bosque.

Para empezar, debéis saber que la casita no estaba construida con dulces, sino con piedra y madera, y su tejado era de madera y paja. ¿Sorprendidos? Lo que sí es cierto es que allí habitaba una mujer; Elba se llamaba, y, como podéis imaginar, practicaba la brujería. SEGUIR LEYENDO

La 411

La 411

Los pasos de Víctor resonaban sobre la acera con ecos de cansancio y hastío. Frente a él, la mole de piedra y cristal reflejaba los últimos rayos de sol de la tarde. El hotel Astor supondría su sexta tentativa de encontrar alojamiento en una ciudad con la ocupación hotelera al completo. Si no disponían de una habitación para él, la posibilidad de pasar la noche al raso se volvía cada vez más real.

La culpara era de una convención internacional dedicada al material de oficina. ¿Quién iba a imaginar que algo tan anodino pudiera mover a tantísima gente? Él no, desde luego. De haber sido así, hubiera pospuesto su viaje para otro momento más adecuado. Solo quería visitar los monumentos más emblemáticos y un par de museos, recorrer algunas calles y comer en aquel restaurante que le traía tan buenos recuerdos. En cambio, en vez de disfrutar de su estancia en la ciudad que lo acogió durante su época de estudiante, Víctor se veía obligado a vagar como alma en pena buscando un lugar donde dormir. SEGUIR LEYENDO

Perdidos

Perdidos

Incluso al abrigo del fuego, donde las sombras se difuminaban ante su danzante resplandor, se hacía palpable la malignidad del bosque. Aunque estaban agotados debido a las vicisitudes del día anterior, no se atrevían a cerrar los ojos. Los dos descansaban junto a la hoguera, sus cuerpos lo más arrimados posible a las llamas sin que estas llegaran a achicharrarlos. Permanecían a la espera de un amanecer que tardaba una eternidad en llegar, escuchando los inquietantes sonidos provenientes de todas direcciones. Se mantenían abrazados, no tan en busca de calor como de la sensación de seguridad que ofrecía la cercanía entre ellos. No hablaban; tampoco se movían, salvo cuando se hacía necesario añadir más madera al fuego.

¿Cuántas veces había soñado Ana con encontrarse entre los brazos de Luke? Muchas, desde luego. De no hallarse en una situación tan aterradora, puede que se hubiera atrevido a confesarle sus sentimientos tanto tiempo ocultos, pero no le pareció oportuno. En cambio, se prometió que lo haría en cuanto regresaran al campamento. Si es que regresaban. SEGUIR LEYENDO

Onira

Onira

No necesito ver ni escuchar nada, basta con que esté cerca para saber que ha regresado. Sí, el nuevo brillo reemplaza a la luz grisácea que envuelve todo durante su ausencia, pero es la vitalidad que ahora flota en el ambiente la que me dice que está ahí. Llevo tanto tiempo encerrada que mis fuerzas ya están al límite; sentirle cerca es como aspirar una bocanada de aire fresco después de haber estado respirando durante horas en un ambiente enrarecido.

Me planteo por un instante qué forma adoptaré para recibirle en esta ocasión. Sé que le molesta mucho que me asemeje a su exmujer o a su madre, aunque la niña de ocho años es mi preferida. Tomar el aspecto de las mujeres de su vida es un valor seguro, siempre le hacen flaquear. SEGUIR LEYENDO

Darach

Darach

Desde su posición en la linde del bosque, Kalen observaba con nerviosismo la quietud de la pradera que no había de durar mucho. Ni el viento ni el trino de los pájaros osaban quebrar el silencio; hacerlo significaba dar comienzo a una tormenta cargada de dolor y muerte.

—¿Cómo hemos llegado a esta situación? —se preguntó por enésima vez. La respuesta, una vez más, fue acallada por su mente antes de que su boca la pronunciara. Suficiente tortura era conocer la verdad como para tener que oírla de sus propios labios.

El joven, de piel pálida y pelo negro y lacio, vestía la túnica más blanca de las que disponía. La ceñía a su cintura un fajín rojo, del que colgaban una hoz dorada y un pequeño saquito de piel. El contenido de la bolsa, en realidad, no era tan pesado como lo sentía. SEGUIR LEYENDO

Ilusa

Ilusa

Andrea conducía la furgoneta con extrema precaución. El vehículo daba un bote cada vez que las ruedas no lograban esquivar alguno de los múltiples baches y socavones que sembraban la carretera, lo que hacía sufrir a la profesora por el delicado equipo que llevaban en la parte trasera.

—Entonces, ¿está segura de que no aparecerán fantasmas mientras lo preparamos todo? —preguntó Xabi.

—Ya os lo he dicho —respondió, cansada de tener que repetir lo mismo por tercera o cuarta vez—. Los espectros no pueden manifestarse hasta que haya anochecido del todo. Los datos que tenemos son evidentes. SEGUIR LEYENDO

Un grito en la tormenta

Un grito en la tormenta

El escozor lacerante hace palpitar mi mejilla. La sangre, que brilla espesa en la oscuridad de la noche, se diluye en las gotas de lluvia y escurre por mi pómulo hasta quedar colgando en el vértice de mi barbilla. Lo normal es que hubiera esquivado la rama, pero mi preocupación por poner tierra de por medio entre la turba enfurecida y yo no me permite prestar toda la atención que debería.

Atravieso el bosque lo más rápida que puedo, saltando por encima de pequeños arbustos y esquivando los árboles que me salen al paso. Mis pies chapotean en los numerosos charcos y se hunden en los barrizales, aunque eso no logra detener mi carrera. Conozco todas las sendas que llevan a uno u otro lado de la floresta; he vagado por ellas miles de veces, pero nunca con tanta urgencia como esta noche. Por primera vez en todos los siglos que llevo recorriendo este mundo temo por mi vida. SEGUIR LEYENDO

La casa de la calle Fogonero

La casa de la calle Fogonero

Viernes, 13 de diciembre de 2019, 22:21

¡Esto es genial! Si la semana ya estaba siendo horrible, este final es el colofón perfecto. Estoy reventado de trabajar, deseando darme una buena ducha y pedir unas pizzas para cenar. ¿Y qué me encuentro al llegar a casa? Nada, vacía. Solo el puñetero gato de mi hermano, que me mira con esa desconfianza que ambos compartimos. ¿Y Dani? Ni rastro de él. El muy capullo ha desobedecido y se ha largado por ahí, saltándose el castigo. Si al menos hubiera tenido la decencia de volver antes que yo…, pero no. SEGUIR LEYENDO

Posesión, un relato samurái

Posesión, un relato samurái

Cuenta una antigua leyenda japonesa que, al morir en batalla contra un terrible enemigo, el alma de los grandes samuráis no abandona este mundo, sino que se refugia en su katana hasta que un guerrero digno la empuñe de nuevo. Entonces, el alma de ese samurái se fundirá con la del guerrero, formando parte de un único ser, y juntos buscarán la venganza que, a su vez, también hará justicia.

¿Suena muy bonito y épico, verdad? ¡Y una mierda!

Eso solo lo puedes pensar si no te ha tocado a ti. ¿Que no me crees? Puede que al principio te parezca superguay porque, de un momento para otro, empiezas a hablar en japonés cuando antes no entendías ni papa y aprendes a luchar como si fueras... SEGUIR LEYENDO

Una vez al año

Una vez al año

Desde su posición en lo alto de la torreta de vigilancia, Carol observaba a través de sus prismáticos las acciones de sus padres. Al igual que los cinco años anteriores, estaba nerviosa. Aunque quizás «nerviosa» no fuera la palabra más adecuada.

—Aterrorizada —dijo entre dientes, un susurro apenas audible.

—¿Qué? —preguntó Manu casi a su oído. Con un seco movimiento de cabeza, Carol ordenó a su novio que se mantuviera en silencio.

Solo unas pocas horas antes, cuando el sol todavía no se había ocultado tras el horizonte del día más largo de todo el año, estaba convencida de que tenerle allí con ella era un paso muy importante en su relación, pero ahora no albergaba más que dudas a ese respecto. ¿Y si no era capaz de soportar la presión y el miedo? ¿Y si algo salía mal y resultaba herido, o incluso muerto? SEGUIR LEYENDO

Un cuento en la posada

Duérmete, niño

«Duérmete, niño, duérmete ya».

Puede que aún disfrutes de tu infancia; quizá la adultez sea quien domine ahora tu vida; tal vez tu juventud haya quedado atrás. Seas como seas, piensas que una nana ya no es apropiada para ti. Pero te equivocas. Su poder sigue siendo el mismo que tenía cuando aún usabas pañales: su influjo te envuelve y hace que olvides tus preocupaciones, que bajes la guardia, que te abandones al cansancio que se apodera de tu cuerpo y tu mente.

Por eso lo vuelvo a cantar, susurrando en tu oído las palabras, invitándote a atravesar ese fino velo que te mantiene despierto: «Duérmete, niño, duérmete ya». SEGUIR LEYENDO

Menú degustación

Menú degustación

Alberto miró a su joven y bella esposa y sonrió al verla posar su mirada soñadora en los extensos campos de viñedos. Estaba guapísima con ese elegante vestido azul, aunque no era ni de lejos tan lujoso como su propio traje, hecho a medida por un reputado y codiciado sastre italiano. Marta se negaba a que le confeccionaran un vestido, y tampoco había aceptado ir de compras para esa ocasión. A ella no le gustaban esa clase de lujos, prefería lucir aquella prenda, una que ya antes la había hecho brillar en más de un evento. Al menos había aceptado llevar el collar de zafiros que Alberto le regaló por su último cumpleaños.

Hace tan solo diecisiete meses hubiera resultado imposible imaginarse el vuelco tan radical que habían dado sus vidas. SEGUIR LEYENDO

El intérprete de sueños

El intérprete de sueños

Va paseando por el bosque, tranquilo y despreocupado. No está muy seguro, pero a juzgar por la anaranjada luz que se cuela entre las copas de los árboles considera que se va acercando la hora de cenar. Eso es bueno, ya comenzaba a tener hambre.

Da media vuelta y se dispone a dirigirse a su casa. Conoce a la perfección el camino y no se preocupa mucho de seguir las señales que sabe indican el recorrido. Poco a poco la luz va disminuyendo. Debe apresurarse si quiere llegar a casa antes de que la noche se le eche encima. Cruza el pequeño riachuelo que le abastece de agua potable por un pintoresco puente de piedra, y cuando llega al otro lado se da cuenta de que la oscuridad se encuentra frente a él.

En el suelo, a sus pies, hay una pequeña bolsa de cuero. SEGUIR LEYENDO

Espantapájaros

Espantapájaros

Todo sucedió el día que cumplió trece años. Para Álvaro era un gran día. Desde que se mudó al pueblo con su familia, hacía más de un lustro, supo que esa era la edad en que iba a dejar de ser un niño para convertirse en un adolescente. A pesar de que los cambios de la pubertad ya habían comenzado a notarse hacía meses, solo el día de su cumpleaños sintió que superaba esa barrera, que ya estaba preparado para dejar atrás la infancia.

Después de celebrarlo con la familia llegó el momento de hacerlo con los amigos. El pueblo era pequeño, con poco más de una docena de chicos y chicas que andaban entre los diez y los dieciséis años. Aunque cada uno tenía su propio grupo de amigos, todos formaban una pandilla. Cuando se reunían no importaba la edad, ni que fueras chico o chica. Solo importaba el grupo, formar parte de la pandilla, rendir tributo a esa pequeña sociedad y cumplir con lo que se suponía que debía hacerse. SEGUIR LEYENDO

Enterrado

Enterrado

Cuando abrí los ojos solo vi oscuridad. Una oscuridad tan penetrante como si me encontrara en un ataúd. «Qué idea tan alegre», pensé para mis adentros.

Me sentía desorientado, muy desorientado. No recordaba nada de lo que había hecho antes de llegar allí. ¿Habría estado de fiesta? No sería la primera vez que me cogía una borrachera tan descomunal que ni siquiera era capaz de recordar cómo había llegado a casa.

Sin embargo había un pequeño problema: esa no era mi casa. Estaba casi seguro. O, por lo menos, ese no era mi cuarto. Junto a mi cama debería haber un reloj-despertador de esos que siempre proyectan la hora en el techo, y en el techo no se veía ningún rastro de los números rojizos. Tampoco me pareció que me encontrara en...SEGUIR LEYENDO

Un cuento en la posada

Un cuento en la posada

El ajetreo en Menserin era más que evidente. La festividad de la Luna Roja siempre era motivo de alegría y diversión. No en vano se celebraba aquel hecho insólito, en el que apareció en el firmamento una enorme luna roja. Eso ocurrió medio siglo antes, y los sabios auguraron todo tipo de catástrofes y desdichas. No pudieron estar más equivocados. El lustro que siguió a aquel misterioso hecho fue el más feliz y productivo de los últimos tiempos. Nadie supo cómo apareció aquella luna en el cielo, pero todos intentaron atraer la suerte que brindó al mundo conmemorando cada año aquel magnífico fenómeno.

Como cada tarde, Ghandor entró en la posada del pueblo, dispuesto a cambiar un par de monedas por una refrescante jarra de buena cerveza...SEGUIR LEYENDO

El novio de la muerte

El novio de la muerte

—Bésame.

—No.

—Tengo que besarte.

—Sabes que no puedes.

—Y tú sabes que tengo que hacerlo. Me lo debes.

—Yo no te debo nada.

Durante unos instantes se hizo el silencio. Finalmente, ella acercó su rostro hacia el de él. Ambos cerraron los ojos. Sus labios se juntaron.

Las horas se hacían eternas. La espera de lo inevitable hacía que el tiempo se estirara más allá de toda comprensión, haciendo que los segundos parecieran minutos, y los minutos horas.

Era la primera vez en los últimos dos días que Gabriel se quedaba...SEGUIR LEYENDO

Voces

Voces

Hoy las voces se han callado. Tras varios meses soportando ese constante runrún esta mañana por fin me han dado un pequeño respiro.

Al principio el silencio supuso un enorme alivio. Podía escuchar cualquier sonido que se produjera a mi alrededor sin la enfermiza distorsión de las voces. Pude apreciar en su plenitud el canto de los pájaros, el viento entre los árboles, el llanto de un bebé. Por primera vez en meses pude escuchar la radio y ver la televisión con la certeza de que mis sentidos no me engañaban.

Pero ese alivio solo duró unas pocas horas. Aunque pueda parecer extraño, a medida que avanzaba el día comencé a echar en falta ese coro que me había acompañado en todo momento desde hacía tres meses. Esos sonidos que al principio casi habían conseguido que...SEGUIR LEYENDO